Semillas oleaginosas: anacardos, linaza, semillas de girasol, semillas de calabaza, semillas de sésamo

En la cocina, las semillas oleaginosas tienen un sinfín de utilidades: como ingrediente de superenergéticos mueslis en el desayuno, para dar un delicioso y crujiente toque final a los primeros platos, en ensaladas o para enriquecer gratinados o elaborar postres. Se consumen no solo al natural o ligeramente tostadas, sino también en forma de crema para elaborar distintos tipos de deliciosas salsas saladas o dulces.

Anacardos:

La planta del anacardo es originaria de la Amazonia, y sus semillas llegan a nuestras mesas siempre tostadas, ya que crudas  contienen un aceite ligeramente tóxico pero termolábil. Son una buena fuente de minerales por su contenido en hierro y fósforo y, además, aportan vitaminas B1 y A. Los anacardos son muy utilizados en la cocina india y están presentes en los típicos surtidos de semillas que se consumen en Inglaterra y Estados Unidos.

Linaza:

Se emplea desde siempre por su acción laxante y emoliente. La medicina china la usa también para combatir los problemas de piel, en especial la dermatitis. Se utilizaba tradicionalmente para hacer cataplasmas calientes que se aplicaban sobre el pecho en caso de tos debida a un resfriado. En cocina, se añade a la masa del pan o, una vez molida, se mezcla en  sopas, verduras o muesli.

Semillas de girasol:

Son una defensa para la salud, porque son ricas en proteínas, ácido linoleico y también en vitaminas B1 y D. Además, contienen cantidades importantes de hierro y magnesio. Son unas semillas con propiedades protectoras contra el cáncer en el sistema digestivo, que refuerzan los anticuerpos y combaten la anemia, la hipertensión y el colesterol. Aún más, son beneficiosas para la piel, las uñas, la vista y el corazón. Se usan en masas de pan, ensaladas o platos a base de cereales y son perfectas como tentempíe.

Semillas de calabaza:

Contienen las vitaminas B y E, pero también ácidos grasos esenciales omega 3 y omega 6, además de hierro y fibra. Son un eficaz vermífugo intestinal y están indicadas para los niños que tienen este tipo de problema. Además, ejercen una acción antiinflamatoria en la próstata y las vías urinarias. En cocina, se añadan en ensaladas y no pueden faltar en las mezclas de semillas tostadas de los aperitivos.

Semillas de sésamo:

Originarias de la India, contienen mucha fibra y son ricas en magnesio, calcio, fósforo, silicio, hierro y vitaminas del grupo B. Son un alimento alcalinizante y energético, además de un reconstituyente muscular y nervioso. Se usan en la medicina china para el tratamiento de las toses secas y en caso de estreñimiento y anemia. Se añadan tostadas en platos de cereales y verduras, o para dar sabor a masas y palitos de pan. También son el ingrediente básico de los sabrosos guirlaches con miel. En forma de crema o tahini, se usan para elaborar salsas de legumbres, como el hummus.

Un libro que me ayudó escribir este artículo y que recomiendo altamente es “Escuela de cocina vegetariana, Lena Tritto“.

 

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