Las cerezas

El origen del cerezo, un árbol de la familia de las rosáceas, se cree que está en los montes caucásicos. Su fruto, la cereza, es una bola carnosa de unos 2 cm de diámetro con un color que va desde el rojo brillante al escarlata oscuro o casi negro. Tiene un aspect terso y turgente con una pulpa jugosa, a veces blanda y otras veces crujiente al morder. Cuando la cereza está madura, su sabor es deliciosamente dulce, a veces con unos toques ácidos.

A pesar del sabor dulce y el contenido elevado en azúcares, las cerezas tienen pocos hidratos de carbono, unos 17 g, pero sí muchos minerales. Son muy ricas en potasio, magnesio, fósforo, calcio y hierro. También destaca la presencia de fibra. Por otro lado, las cerezas son una buena fuente de betacarotenos (precursores de la vitamina A), ácido fólico y vitamina C. Además, destaca por el contenido de antioxidantes como flavonoides. Posee ácido elágico, que según estudios revelan su capacidad para impedir el crecimiento de las células tumorales.

Recientes estudios han revelado que las cerezas poseen ciertos niveles de triptófano y melatonina, que otorgan a esta fruta la capacidad de inducir el sueño. En su recolección suelen dejarse los rabillos para impedir que la cereza se “desangre” y pierda sus jugos. Precisamente con los rabillos de la cereza puede hacerse una infusión muy popular de propiedades diuréticas.

Existen muchas variedades que se cultivan sobre todo en Rusia, Estados Unidos, España, Francia e Italia. Las cerezas dulces son las que se cultivan para consumir frescas, con una pulpa jugosa, que varian de color, desde el negro a rojo. Las cerezas agrias o guindas son de colores más oscuros, el tallo es más corto y su sabor ya no es tan dulce. Se emplean para la elaboración de licores, conservas o para preparaciones culinarias como tartas o empanadas.

Son depurativas y ricas en antioxidantes, ayudan a reducir afecciones cardíacas, entre ellas el cáncer. Refuerzan el sistema inmune. Tienen un ligero efecto laxante, por lo que previenen el estreñimiento. Las antocianinas reducen los síntomas de enfermedades inflamatorias como la artritis o la gota. Ayuda a reducir el ácido úrico. Se recomiendan tras la práctica de deporte, pues hidratan, reponen el equilibrio electrolítico y mitigan la sobrecarga de músculos o tendones. Depurativa y de efecto diurético, salvaguarda el correcto funcionamento de los riñones.

Un libro que me ayudó escribir este artículo y que recomiendo altamente es “Dieta Macrobiótica – Nuria Penalva

 

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