El aceite de girasol: características y beneficios nutricionales

Originario de América del Norte, el girasol es una planta que tiene una característica muy peculiar: la planta se vuelve hacia el sol durante el día. La cabeza o capítulo se dobla y va girando siguiendo al sol en lo que se denomina un movimiento heliotrópico. El capítulo está compuesto por multitud de flores, de 250 a 1 500 que al madurar, dan lugar a los que conocemos como pipas o semillas de girasol. De la primera presión en frío de estas semillas se extrae un aceite muy preciado de color levemente dorado y sabor suave.

En el caso del aceite, el 99.9% son ácidos grasos, de los cuales menos del 11% corresponden a ácidos grasos saturados. El resto, son ácidos grasos poliinsaturados y monoinsaturados; entre ellos destacan los esenciales linoleico (omega 6), alfa-linolénico (omega 3) y el oleico (monoinsaturado). Posee una cantidad muy importante de vitamina E de gran actividad antioxidante. Además de esos ácidos grasos esenciales, las pipas de girasol también aportan fibra dietética, betacarotenos, vitaminas del grupo B, D, E, K, sobre todo ácido fólico y minerales como calcio, hierro, potasio, fósforo, zinc, megnesio y manganeso.

Las semillas de girasol se emplean a menudo enteras en la elaboración de panes. Un puñadito en cualquier plato aporta texturas y sabores diferentes. El aceite de girasol se emplea en recetas destinadas a la cosmética pues resulta muy hidratante, y su vitamina E ayuda a regenerar la piel y evitar el envejecimiento prematuro de la misma.

Se puede emplear en crudo para ensaladas, salsas, incluso en guisos. Aguanta el calor, por lo que es apto para las  frituras, pues puede soportar temperaturas en torno a 180°C sin degradarse, lo malo es que con la temperatura sí pierde la vitamina E. Sus ácidos grasos insaturados ayudan a regular el colesterol y reducir los niveles de triglicéridos en sangre. Estos ácidos grasos esenciales aportan flexibilidad a las venas y previenen la formación de coágulos. Además, ejercen una acción vasodilatadora que favorece la circulación sanguínea, con lo cual mejora la presión arterial y el ritmo cardiaco. El aceite de girasol es un excelente antioxidante que protege de la oxidación de los radicales libres y realiza una labor preventiva frente a muchas enfermedades degenerativas, como las afecciones cardiovasculares y cánceres. Tiene un alto poder antiinflamatorio y es recomendable en los casos de artritis.

Un libro que me ayudó escribir este artículo y que recomiendo altamente es “Dieta Macrobiótica – Nuria Penalva.

 

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