Coco, una fruta exótica

Originario de las Islas del Pacífico, el coco tiene una forma oval y un peso que puede alcanzar hasta los 2.5 kg y se compone de varias capas. La primera de ellas, la más externa, es verde, anaranjada o amarilla. La segunda, de gran dureza, es de color marrón y velluda, y consta de tres orificios a través de los cuales puede extraerse el jugo sin tener que abrirlo. Ya, en su interior, presenta una pulpa blanca, muy aromática y de característico sabor.

El fruto procede del cocotero, un árbol que se clasifica en distintos tipos: gigantes, que se utilizan para la producción de aceite, enanos,  que se emplean, sobre todo, en la fabricación de bebidas envasadas, y los híbridos, que ofrecen frutos procedentes del cruce entre las variedades pertenecientes a los dos grupos anteriores.

Su cosecha se realiza entre enero y julio, dependiendo del fin al que se destina. Si es para su consumo en fresco, se recoge cuando tiene entre 5 y 7 meses, momento en el que su contenido en azúcar y agua es muy elevado y su sabor más intenso. A la hora de comprar un coco hay que tener en cuenta que al agitarlo ha de oírse el chapoteo del agua en su interior. De no ser así, el coco está seco y su pulpa rancia.

Es la fruta que mayor valor energético posee. Y es que, después del agua, los ácidos grasos saturados son su principal componente: en total más de un 80%. Esto hace que su consumo tenga que hacerse de manera ocasional y en cantidades moderadas. Frente a su bajo aporte en hidratos de carbono y proteínas, destaca por su notable contenido en fibra, que favorece el tránsito intestinal. También es rico en ciertas sales minerales como el magnesio, que beneficia el funcionamiento del intestino o el calcio y el fósforo, importantes en la formación de los huesos. Además, contiene vitamina E de acción antioxidante.

Además de formar parte de la repostería occidental, sobre todo, de manera rallada, su consumo es muy habitual en la cocina exótica: así, forma parte del curry asiático y puede emplearse además para suavizar el sabor de las guindillas. A parte de la pulpa, se consume mucho su agua y la leche de coco, obtenida a partir de exprimir la pulpa después de triturarla, tomándola en forma de refresco o añadiéndola en batidos de frutas. También se utiliza en forma de aceite, tanto en la repostería industrial, como en la elaboración de snacks, gracias a su bajo coste y buen resultado.

Fuente: la revista “Cocina Vegetariana”, número 77.

 

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